¿Dónde termina la broma y dónde comienza el delito?

El pasado fin de semana, debido al libro sobre ciberacoso que he escrito, Bajo el paraguas azul, aparecí en un reportaje que elaboró Cuatro sobre el acoso escolar. Aunque vinieron a casa a grabarlo y estuvimos un rato hablando, luego por tener que añadir a más personas etc, aparecí dos veces, que no está nada mal, pero me gustaría poder comentar por aquí algunas de las cosas que dije y que he estado hablando con compañeros estos días, sobre todo a raíz de una cosa que me ha pasado hoy, que me ha demostrado lo faltos que estamos de programas de concienciación contra el acoso…y no solo para niños.

El vídeo con todas las intervenciones puede verse aquí:

http://www.cuatro.com/_7e6c59c7

Por desgracia, todos conocemos la triste noticia del pequeño que con 11 años decidió terminar con su vida y la polémica que hay en torno al tema por la carta que dejó a sus padres como despedida. Ese niño, pongo la mano en el fuego, tenía miedo, y ese miedo viene del colegio. ¿Qué situación o quiénes le provocaron ese terror tan absoluto que le llevó al suicidio? Espero que se descubra pronto y que quien haya provocado esta horrible pérdida pague por ello. Desde aquí deseo lo mejor a la familia y que puedan por lo menos encontrar descanso al saber que la persona o personas que llevaron a un final tan trágico para su hijo, terminen teniendo que responder ante la justicia.

Entre las cosas que conté en la entrevista hablé de la necesidad de instaurar no solo un protocolo de actuación, que en muchos casos ya existe, sino algo que sea inmediato. ¿De qué sirve empezar a hacer papeleos que tarden semanas en resolverse con las visitas de policías, inspectores etc o lo que sea necesario si el acosado está mientras tanto indefenso? No es la primera vez que un alumno no ha aguantado a la resolución de esos conflictos, por muy encaminados que estuviesen y los centros pusiesen todo de su parte para arreglarlo. Hay que actuar rápido, no dejarlos solos, pero, sobre todo, hay que prevenir. Está muy bien ayudar después, pero lo que hay que hacer es mejorar los métodos de prevención del acoso, porque obviamente están fallando.

El problema es que muy poca gente, ni adultos ni niños, es realmente consciente de dónde empieza el acoso y dónde termina “la broma” y hoy más que nunca, para mi horror, he sido consciente de ello en un grupo de adultos, preparando un vídeo para una actividad festiva y divertida, en el que nada más verlo yo he visto una situación clarísima de ciberacoso con la excusa de robar fotos en situaciones comprometidas para ridiculizar a alguien y provocar la risa y nadie más en un grupo veía por qué yo insistía en que no se podían poner esas imágenes. Tenemos tan enraizada la burla al otro como algo normal, “que no hace daño a nadie”, que no somos conscientes de que como adultos tenemos una responsabilidad de no transmitir ese tipo de comportamientos a los más jóvenes, porque lo que a nosotros nos hace gracia porque lo vemos como una broma, un menor lo puede ver como : ” si esto un adulto lo ve y se ríe, y me lo ponen para que me ría, puedo hacer lo mismo, no hay nada malo en ello”. Pero aquí viene el problema: si el adulto no es consciente de que lo que está mostrando es malo, ¿cómo vamos a educar a los menores a no realizar ciertas actividades que no solo pueden hacer mucho daño a alguien, sino que , como el hecho de robar una foto sin permiso y compartirla, es ilegal?

En los mismos colegios, los niños no saben que el acoso empieza con algo tan simple como un empujón, con un insulto, con un tirar el estuche o el cuaderno al suelo. Si haces eso todos los días, ya no es una broma, pasa a ser algo más serio. ¿Qué es lo siguiente? La escala va subiendo hasta llegar a ser algo cada vez más preocupante y  ante lo que debemos concienciar a todos los niños y adolescentes: los testigos son importantísimos a la hora de parar los casos de acoso. De hecho, es en lo que se basa el sistema finés que tanto éxito está teniendo: si conciencias  a los testigos de que hablar no es malo ni tendrá repercusiones, al final los acosadores sabrán que no tienen dónde esconderse. En Finlandia, invirtiendo en un buen programa de prevención, se han reducido drásticamente los casos de acoso escolar. Espero que nuestro ahora  prácticamente inexistente gobierno lleve a cabo algo similar. Está muy bien aprobar medidas, pero luego hay que llevarlas a cabo y ejecutarlas, hacer un seguimiento, etc. ¿Lo veremos realmente algún día? Espero, por el bien de nuestros jóvenes, que sea rápido.

Elena Martínez Blanco


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